RECOPILACIÓN PARA EL BLOG DE JOSÉ LUIS CAMPAL, sobre trabajos iniciados por AURORA SÁNCHEZ
Las nanas que
cantaban generalmente las madres, pendientes en todo momento de su retoño como
el tesoro preciado que sin duda es, no fue una modalidad poética potestativa de
un sexo u otro, y así la cultivaron tanto poetisas como poetas. Al granadino Luis Rosales (1910-1992), que
durante mucho tiempo hubo de pechar con la acusación infundada de no haber
sabido defender a Federico García Lorca cuando se le buscaba para
fusilarlo en los inicios de nuestra guerra incivil de 1936-1939, se debe, por
ejemplo, la «Nana» de hoy, que este eminente escritor, académico de la RAE , publicó en 1940. Su
obra literaria fue agasajada con diversos galardones que se vieron coronados en
1982 con el Premio Cervantes, la máxima distinción en lengua española a la que puede
aspirar un autor vivo. La poesía de Rosales, de arraigado sentido espiritual y
trascendente, se encuentra recogida en títulos como: La casa encendida (1949), Rimas (1951), Canciones (1973) o La carta entera (1980-1984). He aquí
su nana navideña:
Duérmete, niño mío,
flor de mi sangre,
lucero custodiado,
luz caminante.
Si las sombras se alargan
sobre los árboles,
detrás de cada tronco
combate un ángel.
Si las estrellas bajan
para mirarte,
detrás de cada estrella
camina un ángel.
Si viene el mar humilde
para besarte,
detrás de cada ola
dormirá un ángel.
¿Tendrá el sueño en tus ojos
sitio bastante?
Duérmete, recién nacido,
pan de mi carne;
lucero custodiado,
luz caminante,
duerme, que calle el viento...
dile que calle.
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